Libro que muerde

Noviembre 21st, 2007

Libro que muerdeDicen que los libros no muerden. Yo digo que libro que ladra no muerde. Pero no todos los libros ladran. Ojo. Hay un libro llamado Anselmo que es calladito pero en cuanto te descuidás te lanza el tarascón. Porque muchos libros son guapos cuando están en la estantería y hacen más barullo que estornudo de bibliotecario, pero si los tomás para hojearlos son mansitos y perfectamente domesticables. Anselmo no. Cierta vez, una señora muy confiada lo tomó de las tapas susurrándole cosas como ay que bonito libro, ay que ternura de libro, ay que belleza mi amor, y ahí nomás Anselmo le cerró las tapas en los dedos con la fuerza de la prensa que lo parió. Tuvieron que llamar a los paramédicos. Al libro lo encerraron en el subsuelo, con los incunables. No, si era bravo.

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Raza superior

Noviembre 20th, 2007

Raza superiorÉrase una vez el fin del mundo. Los hombres de entonces se dividían en tres grupos. Estaban los que se habían quedado en sus casas a brindar con sus familiares y amigos, los que habían ido a esconderse a sus bunkers o refugios subterráneos, y los que creían poder salvarse resguardándose en la terrazas de los edificios más altos. Para estos últimos, la altura de los rascacielos representaba algo así como una cúpula que los posicionaba por sobre el grueso de la humanidad, lejanos en esencia y circunstancia, a tal punto que de hecho se creían totalmente ajenos a los problemas del resto de los hombres. En éste caso el gran problema era, por supuesto, el de la eminente extinción de la especie, sin embargo entre la gente de las terrazas reinaba una calma relativa, alterada en circunstancias por el avance ocasional de unas naves alienígenas. Seguir leyendo… »

Utopías

Noviembre 9th, 2007

Se había puesto como meta llegar hasta el final del arco iris, dónde dicen que hay una olla repleta de monedas de oro. A los siete años de búsqueda desistió, al darse cuenta, dijo, que la meta era puramente material, que la codicia por las monedas de oro desacralizaba la causa y le quitaba el favor de los dioses.
Entonces se embarcó en una nueva meta.  Se dispuso a contar los granos de arena existentes en todas las playas, areneros, construcciones, peceras, cajitas de hacer pis del gato, y relojes del mundo.

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La brisa

Noviembre 9th, 2007

AncianosLa mujer de rojo se bajó del taxi y se dirigió hacia el edificio de nueve balcones. Esa tarde soplaba una brisa tenue que acariciaba los recovecos del edificio y que en algún lugar se mezclaba con las voces de dos ancianos tomando mate.

- Las gallinas están sueltas, y el portón del gallinero quedó cerrado -aseguró el anciano.
- Todavía no oscurece -contestó la anciana- Además hace rato que ya no veo a esos sarnosos merodeando por la zona.
- No es por los perros. -suspiró el anciano.
- Dejá esas gallinas en paz entonces, que no te molestan.
- No es por los perros mujer.
- ¿Y por que?
- Se van a mojar. ¿No ves? La lluvia.
- ¿Qué lluvia?

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La sombra inteligente

Noviembre 9th, 2007

Esa tarde que pisaste por primera vez la marmolería de la calle Crisólogo Larralde. Te aferraste a mi brazo y me gritaste al oído ¡Yo estuve aquí antes, yo estuve! con la convicción propia del que habla en capicúa.  Mirabas los mármoles sumida en un viaje astral. ¿Ricardo, crees en la reencarnación? preguntaste, como quien asoma la nariz en lo desconocido. Te contesté que sí y enseguida te imaginaste ciento cincuenta años atrás paseándote por la misma marmolería; te viste encarnada en una ilustre dama porteña que acaso buscaba mármoles para su nueva casa del barrio norte, del brazo de su amado esposo, y ambos fugitivos del barrio sur por causa de la fiebre amarilla. Enseguida mencionaste que el amado esposo bien podría haber sido yo en una encarnación anterior, ya que el destino es una cosa loca. Sugerí que también podría haber sido al revés, tú el amado esposo y yo la ilustre dama, a lo que objetaste tu oposición al cambio de sexo, siquiera como excusa del Más Allá. Seguir leyendo… »

Yo maté al ratón Perez

Octubre 29th, 2007

¿Dónde estás ratón Pérez, que no te puedo encontrar? - se titulaba mi primer cuento. Yo estaba intrigado porque mis amiguitos perdían dientes y recibían dinero a cambio, pero por mi casa el ratón Pérez no pasaba. Le mostré el cuento a mi madre y me dijo que el título era excesivo, que si yo preguntaba ¿dónde estás ratón Pérez? era desde ya porque no lo podía encontrar, por lo tanto decir “que no te puedo encontrar” está de más. Y además me dijo que el Ratón Pérez no existe. Así aprendí que si mis amigos recibían dinero por cada diente perdido era porque sus padres ganaban más que mi mamá, lo que les daba el lujo de inventarles a sus hijos un mundo de fantasía.

Una noche antes de ir a dormir se me cayó un diente. Lo puse bajo la almohada porque me daba fiaca levantarme para ir a tirarlo en el tacho de basura, y no por otra cosa (tan desencantado estaba). Me dormí y a eso de las doce sentí ruidos bajo de la cama. Me agaché para ver: ahí estaba el famoso ratón, con una bolsita cargada de dientes y otra repleta de monedas. Me miró con una mezcla de travesura y tristeza, como miraría un hijo a su madre si ella descubriese de antemano el regalo de cumpleaños que él le daría al día siguiente. Lo pensé, o no, no sé, pero luego no me arrepentí. Me bajé de la cama y perseguí al roedor por todo el cuarto hasta que finalmente logré acorralarlo y lo aplasté con el manual de segundo grado. Tomé las dos bolsitas, tiré el ratón y los dientes al tacho de basura y puse las monedas bajo la almohada de mi madre.

Ahora el ratón Pérez no existe de verdad. Yo busco y no me canso de buscar su guarida secreta, seguramente repleta de dientes, pero también de muchas monedas que nos ayudarían a tener un mejor pasar y a comenzar a creer en un mundo de fantasía.

Límites

Octubre 29th, 2007

Dentro del punto de una letra i ubicada en la página treinta y seis del libro “Cocinando con Choly Berreteaga” existe un pequeño universo. Más pequeños aún son los seres inteligentes que habitan una de las millones de galaxias de dicho punto. Escapar de los límites del minúsculo círculo negro les llevaría a esos seres unos ciento cincuenta mil billones de años viajando a la velocidad de la luz, por lo tanto han llegado a la conclusión de que el universo entero no es más grande que el punto de esa i. Pero sucede que ellos también poseen libros de cocina, y que también dentro de una página treinta y seis existe una letra i que alberga a su vez otro universo, tan parecido al que lo contiene, con seres más o menos racionales, que también leen libros de cocina, con muchas letras i e igual cantidad de puntos encima de ellas.

Los habitantes de uno y otro universo se verán las caras a diario, sin verse; decretarán qué tan grande es lo más grande y qué tan pequeño puede ser lo más pequeño. Y cuando alguna vez, consultando una receta de Choly Berreteaga, sospechen más o menos todo éste asunto, se dirán que el universo entero es tan grande como el punto de una i, y no más, y que los libros de Choly tienen acaso miles de puntos, todos completamente deshabitados.

Basta

Octubre 29th, 2007

Un personaje de novela se da cuenta de su condición. Ahora sabe que todo lo piense y haga partirá de la mente de un escritor. A la vez intuye que la propia existencia del escritor podría ser un relato de ficción de un segundo escritor. Se decide a ser ese segundo y se pone a escribir sobre quien escribe sobre él. El primer escritor toma conciencia de la rebeldía de su personaje, que le dicta su propia vida y a la vez su novela. Entonces decide escribir una novela sobre quien escribe de su vida, que es a la vez su propio personaje, convirtiéndose así en un tercer escritor y tomando nuevamente el control.

De ahí en más la novela se proyecta hacia el infinito. Ya perdí la cuenta de cuántos escritores somos y de cuantos personajes hemos sido; lo importante es que nos pongamos de acuerdo para dejar de escribir los unos de los otros - reflexionó el escritor.

Basta.

- Escribió el escritor -

Dije basta.

La cueva del villano

Septiembre 24th, 2007

Cuando al afortunado hombre de negocios Armiño Galíndez le agarró la nostalgia quiso recuperar su primer centavo ganado. Entonces contrató a un detective especialista en objetos perdidos para que rastreara la moneda y le ordenó que no escatimara en gastos y que no intentara engañarlo llevándole una moneda que no era la suya porque él la reconocería al instante. Así fue que el detective se puso en campaña, partiendo de la pista que el propio Galíndez ofreció: con su primer centavo el hombre de negocios había pagado un choripan en la costanera.

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Usura eterna

Septiembre 17th, 2007

Usura eternaLa eternidad es un concepto que pregona aquel que no le alcanzan veinte años para pagar un crédito hipotecario.

Cuando el empleado del Banco preguntó a qué plazo solicitaba el crédito, el solicitante respondió:

- De aquí a la eternidad.

- El plazo máximo es a veinte años, señor.

- ¿Pero qué son veinte años? ya lo dijo Gardel “que veinte años no es nada, que febril la mirada” ¿o el Banco no cree en lo eterno, en la inmortalidad del alma? ¿no lo dice Salmos capítulo 82, versículo 6, “Vosotros sois como dioses”? Propongo una hipoteca sobre mi alma, que no es un bien amortizable. Necesito un crédito a pagar de aquí a la eternidad. Véalo de éste modo, yo estaría en deuda con el banco aún en el Más Allá.

- De acuerdo, lo hacemos así.

- ¿Cuánto seria mi cuota mensual?

- Calculemos. Cien mil pesos, más los intereses, dividido infinito… todo lo dividido por infinito da cero, o sea que la cuota mensual es igual a cero, de aquí a la eternidad, por siempre jamás. Firme aquí y el dinero es suyo.

- Gracias - dijo el flamante deudor- ahora tengo acceso a una vivienda digna - y levantándose corrió a gastarse la plata.

- Caen solos - susurró el diablo sentado en su escritorio.